
En los últimos unos años estamos siendo testigos de la forma en la que los y las representantes de los partidos políticos españoles llevan a cabo los “debates”, desde sus escaños. La Cámara Alta y el Congreso de los Diputados, han dejado de ser la representación popular de los y las españoles, para convertirse en una especie de “ring de lucha libre o cuadriláteros de boxeo.
Asistimos con vergüenza, al uso del insulto, el desprestigio y los maratones de acusaciones mutuas, sin importar el color del partido que se posicione en actitud de ataque desde su respetable escaño.
Nos preguntamos si cuando se crearon las cortes, allá por el año 1978, se imaginarían que el senado se convertiría en semejante circo, sin tomar en cuenta las funciones reales para las que fueron elegidos los y las senadoras y los y las congresistas. Han sido elegidos para representar a los y las españolas, para promover leyes, enmendar o vetar proyectos, aprobar presupuestos, interpelar al gobierno de turno o promover mociones de censura. Sin embargo, la función de interpelar al gobierno de turno, ante determinados hechos que deben ser explicados y justificados al pueblo, se ha convertido en un circo mediático en el que se ha perdido la esencia de lo que deben ser las Cortes Generales y el Congreso de los Diputados.
Lo realmente preocupante es el ejemplo que dan los y las representantes de los escaños a los y las jóvenes y al resto de los y las españolas ¿Cómo podemos esperar que las nuevas generaciones encuentren referentes positivos entre los representantes políticos? Si lo que se puede esperar de estos representantes políticos es que cada cierto tiempo salga una nueva trama de corrupción de un representante de uno u otro partido ¿Por qué razón los y las jóvenes se van a afanar por actuar de forma correcta, si los legisladores no muestran ningún respeto por el escaño que ocupan?
Desde el proyecto del que formo parte asistimos asiduamente a un centro penitenciario en el que intervenimos con un grupo de jóvenes privados de libertad. Las psicólogas del equipo llevan a cabo una serie dinámicas en la que los participan los jóvenes. En una de esas dinámicas los jóvenes interpretaban un juicio, uno de ellos era el juez que debía condenar a quien cometiera algún delito. El resultado fue muy interesante porque por primera vez ellos juzgaban (y no eran los juzgados), pero además eran capaces de condenar actos delictivos, o actos que vulneraban la integridad física de otros. Entre las reflexiones que se expusieron al final, uno de los jóvenes expresó que no valía la pena estar privados de libertad por robarse un móvil, si los políticos corruptos apenas cumplían condenas (o no cumplían ninguna) por robarse millones. Lamentablemente estos son los referentes que tienen presente en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Los medios de comunicación y las redes sociales se encargan de potenciar este circo mediático de los y las representantes políticos cada día. Nos saturan una y otra vez con relatos de prevaricación, enriquecimiento ilícito y con la verborrea cargada de insultos de las señoras y los señores que ocupan los escaños del parlamento. Los medios nos muestran unos debates políticos lamentables, en los que no se tratan los verdaderos problemas que afectan al pueblo. Esto no quiere decir que no se saquen a la luz los delitos que cometan los que ostentan cargos de poder, pero una vez cometido el hecho delictivo, se inicia un proceso judicial que debe seguir su curso, sin necesidad de sacar constantemente los trapos sucios en los debates de las cortes, que entendemos no es el lugar para ese tipo de comportamientos.
Tal como lo expresa Lewllen (2009), el poder es la capacidad de un individuo (o de un grupo de personas) de influir en los demás, en las acciones o comportamiento de otros, lo que conlleva relaciones desiguales entre los que ostentan el poder y los que no. Por lo tanto, las y los parlamentarios, que ostentan cargos de poder, influyen de una forma u otra en el pueblo que se supone representan. Según el autor, este poder puede ser “formal” (instituciones gubernamentales, parlamento, monarquía, etc.) o “informal” (simbología, tradiciones, medios y las redes sociales). Lo que implica que ese “poder formal” que ejerce desde el gobierno, el parlamento o las cortes, fomenta comportamientos que se fortalecen y se asientan a través del poder informal (las redes sociales y los medios de comunicación). Esos comportamientos que se transmiten desde el ejercicio de poder, es susceptible de ser asimilado, adoptado y normalizado por el resto de la sociedad.
Una de las preocupaciones que podríamos plantearnos es si debemos continuar consumiendo y normalizando este tipo de comportamientos y seguir como borregos a quienes lo fomentan. Lamentablemente no es un caso exclusivo de los políticos españoles. Hemos sido testigos del poder de líderes como Donald Trump o Javier Milei que convocan a las masas y ganan elecciones gracias a discursos cargados de insultos, descréditos, fakes y acusaciones hacia sus oponentes. Legitimamos este comportamiento desde el momento que apoyamos los “valores” que fomentan los mismos políticos acusados de prevaricación, corrupción, desfalco, malversación de fondos, etc., tal como indica Lewllen (2009) “el poder descansa en la legitimidad” (2009:132).
Desde mi posición de antropóloga, llevo unos años investigando las agrupaciones juveniles de calle (antes denominadas “bandas latinas”). Son agrupaciones jerárquicas donde el poder está muy marcado por simbolismos como el respeto, la bravura, las normas, la lealtad, la imposición, el machismo, el control, el silencio, etc. Estos simbolismos les permiten relacionarse entre ellos y con el resto de la sociedad. La violencia es una de las formas de interacción en estas agrupaciones, lo que les asigna la etiqueta de “agrupaciones violentas”. Esta condición las convierte en agrupaciones ilegales, perseguidas y condenadas. Está claro que quien comete un delito tan grave como quitar la vida a otra persona, mutilarla o intentar quitar la vida de alguien, debe afrontar todo el peso de la ley y cumplir con la condena que le corresponda. Lo normal es condenar la violencia ejercida en estas agrupaciones, sin caer en justificaciones, pero ¿Por qué normalizamos la violencia de los y las representantes políticos? ¿No son interacciones desde la violencia las que presenciamos a diario? ¿Son un referente positivo para los y las jóvenes que los escuchan y los observan?
Si bien es cierto que los y las representantes políticos que ocupan los escaños del parlamento no utilizan armas blancas, ni armas de fuego para atacar a sus oponentes (por suerte), no deja de ser una forma de violencia que asumen desde su posición de poder, atacando, insultando y humillando a sus adversarios. No se trata de equiparar ese tipo de violencia con la que ejercen las agrupaciones de calle, pero se les debería imponer algún tipo de sanción, como quitarles puntos políticos que les impidan ocupar sus escaños en el futuro, o cualquier otro tipo de sanción que acabe con el espectáculo que tenemos que presenciar a diario.
Los y las ciudadanas esperamos representantes políticos que se ocupen de promover leyes que garanticen la calidad de vida de, que lleven a cabo debates que interpelen a los gobernantes para asegurar el equilibrio de poderes, la justicia social, el reparto equitativo de los presupuestos de Estado, que garanticen el Estado de bienestar, etc. No necesitamos un circo mediático día tras día, entendemos que los gobernantes, las y los señores parlamentarios deben ser representantes del pueblo y no de los intereses de los partidos a los que pertenecen. Deben convertirse en referentes positivos a seguir e imitar por las nuevas generaciones, dejando de lado sus intereses personales y afán de protagonismo.
Kattya Núñez Castillo.
Referencia Bibliográfica:
Lewellen, T. (2009). Introducción a la Antropología política. España. Ediciones Bella Terra.
Imágenes:
Imagen 1-políticos debatiendo: https://www.shutterstock.com/es/image-vector/political-debate-two-speakers-character-vector-528365578?consentChanged=true
Imagen 2-ratas: https://www.freepik.es/vector-premium/dos-caricaturas-politicos-podridos-feas-caras-rata-dandose-mano-ponerse-acuerdo_24963214.htm
Imagen 3-Trump: https://www.freepik.es/fotos-premium/arte-digital-3d-estilo-pixar-mascota-animada-grafica-presidente-estados-unidos-donald-trump_164613249.htm#fromView=keyword&page=1&position=21&uuid=c2df98e3-1151-4926-b6b8-38de2ac84b6.
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